La gran transformación de River después de aquel esperado click en Medellín

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“Nos hace falta un click”. El 1 de marzo Marcelo Gallardo recibió a Clarín en el predio de River en Ezeiza y en esa frase, luego de una hora de charla, sintetizó lo que su equipo necesitaba para enderezar el barco. El Muñeco estaba en la búsqueda de algo nuevo. “Desde el juego yo creo que podemos dar mucho más y hasta ahora no ha sido el caso. Nosotros por momentos jugamos bien y en otras cosas estamos fallando. Estoy tratando de que lo que se genera se pueda concretar. Como pasó al principio de nuestro ciclo, que tuvimos partidos que no fueron buenos y después el equipo apareció en un partido contra Central y ahí cambió todo”, reflexionó en un pasaje de la charla.

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También estaba fastidioso porque el torneo local no se había reanudado y River apenas había jugado un encuentro oficial: contra Lanús, aquella dura derrota 3-0 por la Supercopa Argentina. Venía de disputar un par de amistosos (San Martín de San Juan e Independiente Rivadavia) en los que el equipo no había tenido una buena producción. Entonces, la preocupación se acrecentaba porque el debut en la Copa Libertadores se acercaba y River no tenía rodaje. Sus rivales no parecían peligrosos pero al entrenador lo inquietaba que tuvieran entre seis y siete partidos oficiales cada uno. Además, tanto Deportivo Independiente Medellín como Emelec y Melgar eran líderes en las Ligas de Colombia, Ecuador y Perú, respectivamente.

El 10 de marzo se reanudó el campeonato y dos días después River no pasó de un 0-0 con Unión jugando mal. El equipo necesitaba ese click del que hablaba Gallardo. Se venía el debut en la Copa Libertadores, el gran objetivo de River en el año. La cita era en la ciudad colombiana de Medellín. Hasta allí viajó el conjunto millonario para enfrentar al DIM del argentino Luis Zubeldía. Había dudas en la previa. “Por cómo viene la cosa, con un empate nos conformamos”, deslizaba un dirigente que acompañó a la delegación en el lobby del hotel San Fernando antes de que el micro con los jugadores saliera para el Atanasio Girardot. Era un miércoles 15 de marzo muy lluvioso en Medellín, a tal punto que el partido estuvo cerca de suspenderse. Arrancó pero no se podía jugar. Hasta que el árbitro brasileño Wilton Pereira tuvo que detener el encuentro. Y se interrumpió casi una hora. Pero la lluvia paró, el agua drenó y River encontró luz a la salida del túnel.

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Pelota al piso, buena circulación, toques cortos, velocidad y contundencia. Ahí estuvo la fórmula del cambio. La vuelta de Ariel Rojas fue clave para que el equipo se reencontrara con esas buenas sensaciones que pretendía Gallardo. Y el resto de los mediocampistas se potenciaron. Ponzio jugó más rodeado, Nacho Fernández más suelto y Pity Martínez empezó a ser desequilibrante. Adelante, la dupla de ataque (Driussi-Alario) no paró de hacer goles. La defensa, más allá de algunas falencias, encontró una revelación: el pibe Martínez Quarta. Se acopló al experimentando Maidana, quien sigue liderando junto a Ponzio, tanto adentro como afuera de la cancha de manera positiva. Y el arquero, al margen de algunos errores, se afianzó y tuvo sus buenos partidos. Los laterales, quizás, son el punto más flojo, sobre todo a la hora de marcar ya que Moreira y Casco (ahora lesionado lo reemplazará Mayada) atacan mejor de lo que defienden. River pasó de ser un equipo con dudas y escaso volumen de juego a uno serio, que da garantías y confianza. Que liquida a sus rivales de tres cuartos hacia adelante. Y que no para de sacar resultados positivos. Sufrió una transformación clave desde aquella noche en Colombia. “Nos fuimos muy contentos de Medellín. En ese partido contra el DIM notamos buenas señales. El equipo jugó un partido bárbaro y se empezaba a plasmar en la cancha las cosas que veníamos trabajando las semanas previas y lo que planificamos en la pretemporaada en Estados Unidos. Vimos que había un buen futuro”, comentó un integrante del cuerpo técnico.

Desde ese 3-1 al DIM, River hilvanó una racha de 14 partidos sin perder, con 11 victorias y 3 empates, entre la Libertadores y el torneo local. Es más: ganó todos los encuentros que jugó de visitante en lo que va del año (DIM, Lanús, Godoy Cruz, Tigre, Emelec, Boca y Melgar). En tanto, como local ganó cuatro (Belgrano, Quilmes, Melgar y Temperley) y empató tres (Unión, Sarmiento y Emelec).

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En la Copa ganó los tres afuera del Monumental, algo que River no lograba desde 2005. A falta de una fecha para terminar la fase de grupos se aseguró el primer lugar y una semana antes ya había logrado la clasificación a octavos de final, el primer objetivo del semestre. Y casi que sin proponérselo se metió en la lucha del torneo local, en el que lleva diez partidos sin perder. La última derrota fue el 11 de diciembre del año pasado en el Monumental ante Boca. Luego de aquella tarde, el campeonato quedaba lejos y luchar por el cetro local parecía una utopía. Sin embargo, a bases de actuaciones sólidas y resultados positivos, River se recuperó. Descontó puntos y la contundente victoria (3-1) a Boca el último domingo en la Bombonera lo confirmó como candidato al título.

El triunfo de anoche a Melgar ya le permite poner la cabeza de aquí a fines de junio en el campeonato. En las últimas dos fechas coperas, además, Gallardo se dio el lujo de poner muchos suplentes para hacer descansar las piernas de varios titulares. Y sacó cuatro puntos sobre seis posibles. “No somos dos equipos, somos sólo uno”, afirmó Gallardo en Arequipa luego de la victoria. Y ahí puede que esté la clave. Todos los jugadores se sienten parte. Así se los demuestra el Muñeco. Todos, en menor o en mayor medida aportan. Y en algunos casos son decisivos. Como pasó con Mayada anoche. Como pasó con Mora tantas veces.

Aquella noche del miércoles 15 de marzo en Medellín River tuvo el click que Gallardo anhelaba. Y el equipo se transformó. Ahora, va por todo.

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