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El integrante del triunvirato de la CGT Juan Carlos Schmid se trasladó a Rosario para reunirse con dirigentes locales y ultimar así los detalles del paro del jueves.
Al salir del cónclave, se enteró que el presidente Mauricio Macri había afirmado que iba a luchar contra “la mafia de los sindicatos”. El gremialista recogió el guante y no dudó en retrucar: “El Presidente ha estado involucrado en escándalos que salpican a su gobierno y que no han dejado en claro el entramado de negocios detrás del poder Ejecutivo”, respondió con fastidio.
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Schmid dijo que hay “mucha tela para cortar” dentro de la Casa Rosada con los “negociados de corrupción y la penetración de los intereses económicos en el ejercicio de la política”, antes que poner la lupa en otros sectores.
En su opinión, se trató de otra “frase poco feliz y peligrosa” del Presidente, como la que pronunció el sábado tras la marcha a favor de su gobierno, cuando dijo que la movilización se había producido sin “choripanes y colectivos”.
“Nosotros como movimiento sindical movilizamos a nuestros compañeros, ponemos todos los recursos al servicio de esa protesta. Uno se siente orgulloso, no está haciendo nada malo. En todo caso ese aporte económico y ese gasto los ponen los sindicatos confederados, no tenemos que rendir cuantas ni al Ejecutivo ni a ningún sector de la sociedad”, aclaró.
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En relación a la medida de fuerza del jueves, adelantó que va a tener “una alta adhesión en todo el país”, que “exprese el malestar social” por el rumbo de la economía y que es un respuesta al “fracaso de la política” del gobierno. “Que quede claro que no se levanta nunca un dirigente sindical y dice ‘hoy voy a hacer paro porque parece que el día está nublado’. El gobierno ha gastado el 30% de su mandato y no le encontró el agujero al mate en materia económica”, subrayó.
Negó una “movida destituyente”, como plantea el oficialismo, y se quejó que ante cada paro, los dirigentes que gobiernan “salen con el mismo verso”. “Deberían ser más originales a la hora de buscar argumentos”, ironizó.
Schimd defendió el reclamo de los docentes y lo puso como un “caso testigo” en el afán del gobierno de “imponer un disciplinamiento” al conjunto de los trabajadores. “No van a tener suerte”, concluyó.
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