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Los dos personajes más famosos e influyentes del mundo que están en franco desacuerdo en muchas cosas, uno argentino y el otro estadounidense, se encontrarán el miércoles 24 a las 8.30 de la mañana, hora de Roma (cinco horas menos en nuestro país), en el Palacio Apostólico Vaticano. El Papa Francisco recibirá en audiencia al presidente Donald Trump y ambos discutirán una agenda abierta que incluirán los temas más críticos de la actualidad, desde los riesgos de una Tercera Guerra Mundial al fenómeno de los dramáticos movimientos migratorios y a los cambios climáticos en el planeta.
Trump y Francisco defienden modelos políticos, sociales y económicos casi opuestos y el Papa hablará con el inquilino de la Casa Blanca también del “escándalo de las desigualdades y los descartes sociales”.
El presidente llegará al Vaticano en el marco de su primera gira internacional y tras su encuentro con Jorge Bergoglio se reunirá, como es costumbre, con el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, el “primer ministro” del Papa, y con el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Gallagher.
Después será recibido en el Palacio del Quirinale de Roma por el jefe del Estado italiano, Sergio Mattarella.
Trump viajará más tarde a París, donde el jueves 25 participará de una reunión cumbre de la OTAN, la alianza militar occidental. Al día siguiente regresará a Italia, para ser el principal protagonista de la cumbre, que se extenderá en Taormina, Sicilia, hasta el sábado 26, del encuentro de los siete principales países industriales capitalistas: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá. El llamado G7 era antes el Grupo de los Ocho, hasta que la participación de Rusia fue suspendida tras la anexión de la península de Crimea durante la crisis con Ucrania.
El encontronazo más duro entre Francisco y Donald lo tuvieron durante la visita del Papa argentino a México y la misa que celebró en la frontera con Estados Unidos, presidida por un muro. Eran los tiempos de la campaña electoral que ganó Trump, en febrero de 2016.
En una entrevista por televisión, el candidato Trump respondió a la misa del Papa entre Ciudad Juarez y El Paso, Texas, definiendo al obispo de Roma como “una persona muy política que no comprende los problemas que tiene nuestro país”. Donald denunció también “el peligro del confín abierto que tenemos con México”.
En el vuelo de regreso a Roma, ante una pregunta periodística, Francisco abandonó los modales esfumados y declaró que “una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no en construir puentes, no es cristiana”.
Trump respondió que “para un líder religioso es escandaloso dudar de la fe de una persona”. Con tono burlón, el magnate lanzó la hipótesis de un ataque de los yihadistas islámicos al Vaticano y dijo que “el Papa querrá y rezará para que Donald Trump sea presidente porque conmigo esto no podría ocurrir”.
Cuando el actual presidente juró sobre la Biblia al asumir el cargo, interrogado Francisco, comentó: “Veremos qué hará y entonces se evaluará. Siempre en concreto. El cristianismo es concreto o no es cristianismo”.
En sus tuits, el presidente Trump cambió luego de tono. Expresó admiración por el pontífice, líder religioso de 1.300 millones de católicos, y elogió su humildad, “el denominador común que comparto con el Papa”.
En su gira internacional, el presidente estadounidense abarcará los lugares santos de las tres religiones principales. Además de los cristianos con el Papa, también visitará Arabia Saudita e Israel.
Trump romperá así la tradición de sus predecesores más inmediatos de elegir un país vecino, México o Canadá, como destino de su debut internacional como jefe de Estado.
“La tolerancia es la piedra angular de la paz”, enfatizó Trump ayer en una ceremonia en la Casa Blanca antes de firmar una orden sobre libertad religiosa y de anunciar los países que visitará en esa primera gira.
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