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La dura política migratoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene nerviosos a los productores de vino de California, que temen su impacto en un sector que emplea a una importante cantidad de inmigrantes mexicanos y ya sufre frente a la competencia de la industria del cannabis.
Aunque la perspectiva para el vino estadounidense en 2017 luce optimista, con otro año excepcional en el horizonte, los productores californianos esperan una cosecha manual en septiembre, para la cual necesitarán más empleados en el campo. Pero no tienen certeza sobre su disponibilidad, en el marco de las trabas a los trabajadores mexicanos, que son mayoría en este sector.
“La mano de obra en los últimos años definitivamente ha disminuido… y hay menos gente disponible”, dijo Michael Silacci, vitivinicultor de Opus One, en Napa Valley, donde hay más de 400 bodegas.
“Hay preocupación por el cambio de las políticas migratorias y la situación en áreas agrícolas se está volviendo más tambaleante”, agregó. “La gente se pregunta qué va a suceder y se mantiene alerta sobre qué está pasando con otros cultivos”.
Hay cerca de 4.200 bodegas en California -el estado productor de vinos más grande de Estados Unidos-, con unas 243.000 hectáreas usadas para cultivar uvas, de acuerdo con el Departamento de Agricultura estadounidense.
Los vitivinicultores dicen que el desafío creciente es encontrar mano de obra preparada en una fuerza de trabajo que se reduce y que está abrumadoramente compuesta por mexicanos, y la retórica de Trump dirigida a esta comunidad ciertamente no ayuda. Además, agregan, los estadounidenses no hacen precisamente fila para podar las vides o recoger las uvas, dada la ruda naturaleza del trabajo.
Trump llegó a la Casa Blanca el 20 de enero como abanderado de una batalla contra la inmigración ilegal y sembró el pánico entre los más de 11 millones de sin papeles que se estima hay en Estados Unidos. Su propuesta estrella en la campaña electoral y, desde que asumió la presidencia, fue el muro que planea construir en la frontera con México, para frenar la entrada de indocumentados. Su gobierno presentó en marzo las bases de licitación y cientos de empresas han mostrado su intención de construirlo. Pero por ahora es sólo un proyecto.
Con todo, su retórica agresiva contra los mexicanos, a los que llegó a definir como criminales durante la campaña, intimidó a gran parte de los extranjeros sin papeles, que temen que Trump cumpla su amenaza de deportarlos.
Otra preocupación que crece en esta industria es el floreciente y multimillonario sector del cannabis, que tiene todo listo para crecer exponencialmente luego de la legalización de la marihuana recreativa en California, uno de los mercados más grandes del país. Hacia allí parecen mirar ahora muchos de los inmigrantes mexicanos que buscan un empleo.
Los productores de cannabis se han convertido en “la nueva cúspide del agricultor”, dado que son los que tienen más dinero para atraer trabajadores con mejores salarios, explicó John Truchard, gerente general de John Anthony Vineyards y de FARM Napa Valley, una compañía de gestión agrícola.
“El cabernet de Napa Valley es hoy la cima para el agricultor pero el cannabis ciertamente lo supera porque sus ganancias son el doble”, agregó, en referencia a la principal variedad de uva que crece en Napa. En California, el estado más poblado del país, el problema se agudiza a medida que se aproxima la legalización de la marihuana recreativa en 2018.
La escasez de mano de obra -reforzada por un repunte de la economía en México y menos personas que cruzan la frontera- ha llevado a una guerra de ofertas entre los agricultores que intentan retener a sus trabajadores o hacer que aquellos que cubren las temporadas de zafra regresen. Los salarios se han incrementado en los últimos años. Pero mientras algunos productores, como los de Napa, pueden permitirse pagar esos aumentos, ya que la demanda por sus uvas también ha subido, productores de otras regiones luchan para mantenerse al día.
“Durante la temporada de cosecha tienes un equipo estable pero también traes trabajadores extras y ellos se van con el mejor postor”, explicó Truchard. “En los últimos dos años, ha habido más ausencias que nunca antes en la historia de Napa Valley debido a que la gente recibe llamadas y dice ‘Nos vamos con otro viñedo porque pagan 50 dólares más por tonelada’”, subrayó. El rango de salarios en Napa para los agricultores es de entre 15 y 25 dólares la hora, mientras en el centro de California el promedio oscila entre 10 y 12 dólares.
Truchard dijo que, además de pagar aumentos, los empleadores están proponiendo otras maneras de retener a sus trabajadores, como ofrecerles servicios de cuidado de niños, oportunidades de educación y otros incentivos. Pero, inevitablemente, los productores de vino dicen que la escasez de mano de obra y el aumento de los costos obligará a la industria -que contribuye con cerca de 60.000 millones de dólares anuales a la economía de California- a volcarse más a la automatización.
“Los viñedos que en el pasado dependían de la recolección manual definitivamente están explorando implementar la cosecha mediante máquinas”, señaló Jim Stollberg, socio en dos compañías agrícolas en la región vitivinícola de Santa María. Pero a corto plazo, algunos podrían pedirles a sus trabajadores de oficina que se arremanguen y vayan a las cosechas.
“En una situación extrema, hemos hablado sobre tener un equipo que venga de la oficina de la bodega”, dijo Silacci. “Queremos preguntarles quiénes estarían dispuestos a recolectar si alguna vez necesitamos un equipo para entrenar. Es como una reserva”, concluyó.
Fuente: AFP
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