Después de más de 50.000 muertos, en su mayoría niños y mujeres, un bloqueo que dura ya más de dos meses y que ha puesto a 14.000 bebés al borde de la muerte inminente, según la ONU, y la destrucción casi total de las infraestructuras y viviendas de la Franja de Gaza, la paciencia de los aliados de Israel parece haberse acabado.
En paralelo, el líder israelí aseguró que entre los objetivos está la destrucción de Hamás y la recuperación de 58 rehenes, 23 de los cuales seguirían con vida. Netanyahu reconoció también ante el Comité de Asuntos Exteriores y Defensa que la expulsión de palestinos es una consecuencia directa de los ataques. “Estamos destruyendo cada vez más hogares, y los gazatíes no tienen ningún lugar al que regresar. El único resultado inevitable será el deseo de los gazatíes de emigrar fuera de la Franja de Gaza”, dijo, según recogió el diario Jerusalem Post.
Emergencia humanitaria y presión internacional
El secretario general para Asuntos Humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que “14.000 bebés morirán en las próximas 48 horas” si no se permite la entrada de alimentos a Gaza. “Lo que está ocurriendo aquí supera todo lo que he visto o imaginado”, declaró el doctor Ibrahim al Ashi, quien relató a la BBC cómo durante un ataque debieron evacuar pacientes del hospital indonesio “usando solo sus manos porque no había ambulancias”. La ONU estima que, antes del conflicto, ingresaban a Gaza 500 camiones diarios con ayuda. Este lunes, Israel permitió el ingreso de solo cinco.

Además, el Reino Unido suspendió negociaciones para un acuerdo de libre comercio con Israel. El primer ministro británico afirmó estar “horrorizado por la escalada de Israel”. Canadá y Francia también mostraron su desacuerdo con la ofensiva. “Esta escalada es totalmente desproporcionada”, afirmaron los tres gobiernos en su declaración conjunta. Una fuente diplomática europea señaló a la BBC que se ha cruzado un límite y que “este gobierno israelí parece actuar con impunidad”.
Restricciones al ingreso de ayuda y acusaciones cruzadas
Israel argumenta que Hamás se apropia de la ayuda humanitaria, algo que es desmentido por el propio grupo islamista y organismos internacionales. Netanyahu aseguró que solo permitirá un ingreso mínimo hasta que se pueda establecer “una zona estéril bajo control de las Fuerzas de Defensa de Israel para distribuir alimentos y medicinas”. Según sus palabras, “no debemos llegar a la situación de hambruna, desde un punto de vista práctico como diplomático”.
Justamente, el ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, se opuso a la apertura del corredor humanitario. Afirmó que permitir el ingreso de asistencia “alimentaría a Hamás y le daría oxígeno mientras nuestros rehenes languidecen en los túneles”. Netanyahu enfrenta, además, una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y contra la humanidad, que calificó como “antisemita”.
Críticas dentro de Israel por la conducción de la guerra en Gaza
“Mis impuestos se están gastando en una guerra que ha matado a miles de niños. Estamos llevando a cabo un genocidio. Y no puedo hablar de ello en Israel”, denunció Yael Noy, directora de la organización israelí Road to Recovery. Su organización traslada a palestinos enfermos a hospitales israelíes. Cinco de sus voluntarios fueron asesinados en el ataque de Hamás del 7 de octubre y otros dos murieron en cautiverio.
Desde la oposición política también surgieron voces contra la actual estrategia militar. “Un país sensato no libra combates contra civiles, no mata bebés como pasatiempo y no se fija como objetivo expulsar a una población”, afirmó el diputado y militar retirado Yair Golan, líder del partido Los Demócratas.











