“Estos celulares robados están un ciento por ciento en manos de delincuentes” a través de la reventa tanto a usuarios desaprensivos “como a narcotraficantes y secuestradores”, afirmó el comisionado Rojas.

Leonardo Rajchert, presidente de la Cámara de Agentes de Telecomunicaciones Móviles de Argentina (Catema), explicó que a los “dos millones de robos denunciados al año” hay que sumarles “los teléfonos traídos de contrabando desde países como Chile”, lo que le genera un negocio ilegal de “unos doscientos millones de pesos al mes”.

Según fuentes policiales, los teléfonos robados son llevados a “laboratorios” en donde modifican sus códigos de Identidad Internacional de Equipo Móvil (llamados IMEI por sus siglas en inglés) mediante dispositivos que alteran su configuración en las redes y los liberan para utilizarlos con otros números de teléfono y volverlos más difíciles de rastrear.