[ad_1]

El Presidente de la República denunció anteayer de modo oficial que gobierna enfrentado a grupos mafiosos, a patotas, a “dueños de la Argentina” que quieren llevárselo “por delante”. Pero prometió que él se lo va a “bancar”.
En la descripción del complot en su contra, el Presidente evitó identificar por su nombre a quiénes lo integran.
A principios de abril, una nota de Clarín escrita por Santiago Fioriti dio a conocer una frase dramática que el Jefe del Estado había pronunciado en una reunión con sus ministros: “O los mafiosos van presos o nos voltean”.
Mauricio Macri planteó a su gabinete: "O los mafiosos van presos o nos voltean"
La información nunca fue desmentida por la Casa Rosada.
No habría podido ser desmentida, porque lo declarado en privado después se hizo público.
En un discurso en la Casa de Gobierno, Macri acusó a algunos sindicatos que promovían una inminente huelga general de presentar actitudes “mafiosas”.
Macri hizo anuncios en un acto peronista: "No me voy a bancar a ningún mafioso"
Y profundizó: “No podemos aceptar más comportamientos mafiosos en la Argentina (…). Están en los sindicatos, en las empresas, en la política, en la Justicia. Por suerte son minoría, pero tenemos que combatirlos porque no podemos aceptar que nadie se crea el dueño de este país, ni el dueño de nuestro futuro, y con el derecho a poner palos en la rueda sistemáticamente”.
En el acto del 1° de Mayo organizado en el microestadio de Ferro por un sector del gremialismo peronista ortodoxo, delante de una gigantografía de El General y El Primer Trabajador que dominaba el escenario, el Presidente redondeó con mayor énfasis aquellos argumentos del mes anterior.
Tras el acto del 1° de Mayo, el ministro Jorge Triaca dijo que "Argentina necesita cambiar y no ser sometida a conductas mafiosas"
Y declaró así, desde el centro de un ring de alto poder: “No va más el país de la ventajita y de la patota”.
El Presidente de la República ratificó así una denuncia, muy grave.
¿Existe aquello que denuncia?
¿Realmente está confrontando con mafiosos que se animan, o se animarían, a llevárselo “por delante”?
Macri está convencido de que hay sindicatos, movimientos sociales, y, sobre todo, una persona que opera cada día para que le vaya mal: Cristina Kirchner.
Aun así, desde su entorno han dejado trascender, ante diferentes interlocutores, que consideran que la ex Presidenta no debería ir presa, pese a los procesamientos dictados por la Justicia que se acumulan en su contra.
El Jefe de Estado está convencido, además, que la ex Presidenta terminará siendo candidata opositora a legisladora nacional por Buenos Aires.
O por Santa Cruz.
En sus discursos públicos nunca la identificó como integrante de aquella conspiración transversal de la que prometió defenderse.
Clarín reconstruyó este pensamiento presidencial en base a fuentes gubernamentales, que le preguntaron específicamente sobre ese punto.
De nuevo: El complot que denuncia Macri, ¿existe?
¿Por qué no tuvo mayor repercusión esa denuncia entre la opinión pública? ¿Y por qué tampoco entre la oposición? ¿Y en las cámaras empresarias? ¿Los gobernadores? ¿Intendentes? ¿La Iglesia Católica? ¿Las otras comunidades religiosas? ¿Las organizaciones civiles y sociales? Poco aclararon sus ministros y otros funcionarios de la administración pública.
Quizás no haya cambiado aún una geometría del poder -entre tantas- de la llamada “Década Ganada”: la del titular del Poder Ejecutivo que denuncia complots en su contra.
Cristina Fernández aseguró ser víctima de escenarios similares, pero más dramáticos, como golpes de Estado o golpes de mercado, o conspiraciones “destituyentes de medios, empresarios, jueces o fiscales, o productores rurales. El promedio denunciado fue de dos intentonas por año de gestión, sin contar las repeticiones de las declaraciones sobre los mismos hechos dichas en momentos diferentes, reiteradas varias veces, según dio el cálculo del relevamiento que hizo este cronista estudiando los discursos de la ex mandataria, y también que relataban como eco lo que ella decía.
En Ferro, el Presidente les habló a los presentes, trabajadores organizados en el movimiento obrero del PJ. Sonaba de fondo el bombo emblemático de un peronista alineado con todos los peronismos, el de Carlos Pascual, alias “El Tula”. “Mafiosos”. “Dueños de la Argentina” que en realidad no lo son porque “la Argentina es de todo los argentinos, ¿entendimos?”, dijo.
Y agregó: “Yo estoy acá por ustedes, no para defender a ningún mafioso”.
Quizás esas palabras se basen sobre hechos concretos, en personajes que Macri por ahora no quiera o no pueda mencionar, ni en forma pública, ni ante la Justicia.
Si fuera así, entonces hay al menos algo -muchas cosas más, también- que cambió poco tras la ascensión de Cambiemos en el poder.
Los argentinos se acostumbraron a naturalizar expresiones pronunciadas por la clase dirigente que deberían o podrían escandalizar; a recibir noticias aberrantes que podrían generar rechazos en todos los sectores de la sociedad como las de muertes y muertes de inocentes en casos finalmente impunes o las de amenazas a fiscales; a escuchar sin interrumpir a corruptos de otra era, no tan lejana, repentinos multimillonarios, que hoy hablan como si fueran Winston Churchill resucitado gracias al asesoramiento espiritual de buenos contadores… Los argentinos se habituaron a que un Presidente, o Presidenta, ya ex, denuncie complots de la mafia, o de agentes del poder ocultos: amenazadoras gentes sin nombre que al fin, por lo menos así se demostró en los últimos doce años, nunca existieron.
¿Y ahora?
[ad_2]
Fuente










