Un drama que cumple 50 años: “Me fui de Misiones porque él me pegaba mucho”

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Elsa soportó como pudo los golpes de su pareja, de su esposo, de quien creyó que sería el compañero para siempre. Y no tuvo más elección que huir de Misiones con sus pequeños hijos hacia Buenos Aires. Y ese viaje apenas sería el comienzo de un continuo y obstinado destino que la puso a prueba sola, como cuando el boxeador abandona el rincón para ir al centro del cuadrilátero para pegar o evitar ser golpeado. Y Elsa, tuvo varios rounds de esos.

La historia de la posadeña nacida en 1944  se empezó a conocer durante esta semana, cuando El Territorio publicó su simple pedido que hizo llegar desde su nuevo lugar de residencia, en donde ahora con 72 años, vive en matrimonio en la ciudad de Trelew, en la provincia de Chubut.

Pero en esa ocasión, Elsa Valenzuela sólo detalló los datos de sus hijos a quienes busca y no ve desde, según recuerda, el año 1968.

“Necesito localizar a mis dos hijos, soy Elsa Dora Valenzuela, nacida en Posadas el 21 de febrero de 1944…”, contó y precisó que su hija es María Elvira Valenzuela, que nació el 24 de agosto de 1965, en el Hospital Ramón Madariaga y “en ese entonces la
llamábamos con el sobrenombre de Marisa”.

Sobre su ex pareja, el papá de sus hijos, el hombre por el cual se decidió a enfrentar al mundo, dijo que es Zenón López, nacido el 11 o 12 de abril de 1944 y que del abuelo
paterno de sus hijos “no tuve información”, pero sí de la abuela paterna que se llamaba Rosa Fernández.

Su otro hijo es Francisco Zenón Valenzuela, también nacido en el Hospital Madariaga y en el mes de febrero, aunque eldía 6 del año 1962 y que su apodo era Pichón.

“Me fui con mis hijos…”
Elsa Dora Valenzuela decidió no esconder más porqué abandonó la provincia y en pocos años perdió el rastro de sus hijos que tenían por entonces 3 y 6 años. “Yo era una esposa jovencita y él me pegaba mucho, por eso me fui con mis hijos a Longchamps (partido de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires), pero al poco tiempo la abuelita Rosa empezó a tener problemas de salud y me pidió si podía darles a sus nietos para que no se muriera antes de lo que tenía que ser, que le vendría bien…”, dijo a El Territorio Elsa, que confía plenamente en poder volver a ver a sus hijos a quien durante muchos años buscó por todos lados y hasta fue al programa de la televisión porteña (Gente que busca Gente), pero nada movió la intriga que mantiene desde hace 50 años.

“Hicimos papeles como corresponde en donde quedaba claro que yo les daba a mis hijos por un tiempo, pero después me enteré que ella había muerto finalmente y nadie me avisó, me enteré por mi padre y también fueron llevados a Buenos Aires por su papá y un hermano de él, se fueron los cuatro a Laferrere a vivir… y yo nunca más los pude ver, corría entonces el año 1970”.

En pocos años Elsa perdió a su familia que había logrado apenas unos meses atrás y con todas las ilusiones. Recordó incluso que mientras su padre trabajaba en un aserradero de Garupá, ella fue tarefera en un yerbal del paraje Santa Inés.

“Era el mes de febrero de 1970 cuando supe que ya no estaban en Posadas mis hijos. Pero tengo dos sobrinas como contacto en Posadas, ellas me quieren y estoy planificando visitar Misiones el próximo año, quizás en febrero”, dijo Dora, quizás sin detenerse a analizar que ese mes parece ser una señal a lo largo de su lucha para encontrar su lugar en el mundo y ahora el de encontrar a quienes trajo al mundo durante el siglo pasado.

“Si mis hijos están en Misiones, me voy volando para allá, sin dudas, pero realmente no tengo idea de dónde pueden estar. Por eso quiero encontrarlos, yo ya soy una abuela que resido en Trelew pero necesito saber de ellos, estamos dispuestos a buscar documentos, papeles, lo que sea para poder probar lo que digo y poder encontrarlos”, dijo con la voz quebrada y emocionada al imaginarse que podría volver a Misiones después de medio siglo.

El drama de la violencia familiar, la de las golpizas del varón a la mujer, destruyó lo que estaba forjando en su juventud. El drama no se cierra, 50 años después, como un rastro que necesita borrar y reescribirlo antes de que el tiempo siga marcando el destino de ella y el de todos.

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