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Hace pocos días, la Cámara de Apelaciones de San Isidro dejó a Carlos Eduardo Robledo Puch a un paso de recuperar la libertad. El mayor asesino civil de la historia argentina será pasado del régimen de máxima seguridad en el que vive desde hace 45 años a uno semi abierto, lo que habilita la posibilidad de que en un futuro pueda conseguir la libertad condicional.
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En el penal provincial de Sierra Chica, donde el “Angel de la Muerte” pasa sus días, se escucha al Indio Solari. Es que Robledo es fanático del cantante, desde los Redondos y como solista. En estos días en que el Indio es noticia por el trágico recital que dejó dos muertos en Olavarría, donde se investiga también si hubo lavado de dinero, se conoció una carta en la que el cantante responde a esa devoción que le profesa Robledo Puch. El texto es el prólogo de la reedición de El Angel Negro. La feroz vida de Carlos Robledo Puch, la biografía del criminal que escribió Rodolfo Palacios, y al que Clarín tuvo acceso en exclusiva.
"El ángel Negro, la feroz vida de Carlos Robledo Puch", de Rodolfo Palacios.
En esta “edición definitiva” del libro, que Sudamericana anuncia entre sus lanzamientos de abril, el autor cuenta cómo fue que se enteró del fanatismo de Robledo Puch por el Indio Solari y por qué decidió saber qué pensaba el cantante sobre él.
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En el primer capítulo, Palacios relata uno de los encuentros que tuvo con Robledo Puch en la sala de entrevistas del penal de Sierra Chica. En esa ocasión, el condenado le iba a revelar un secreto. “Cuando escuches lo que te voy a decir, te vas a caer de culo”, le había dicho Robledo Puch antes de poner en su grabador “un casette gris polvoriento”. Tras la interrupción de un guardia, Robledo Puch decidió no revelarle el secreto. Pero estuvieron 90 minutos escuchando la música que contenía ese casette. Palacios cuenta que Robledo Puch cantó “El infierno está encantador” , que explicaba “las letras” de todos los otros temas de Los Redondos “y antes de cada canción hace una introducción”.
Rodolfo Palacios, autor de la biografía de Carlos Robledo Puch.
“Pará, pará. Este tema que vamos a escuchar se lo dedico a Omar Chabán —propone mientras suelta una carcajada. Suena ‘Masacre en el puticlub’, cuya letra hace mención a una noche de descontrol en un local de rock: ‘Rock fuerte en el puticlub. Cambió la suerte del puticlub. […] El gas coreano de pronto arribó. Llegó del norte y todo acabó’. Robledo compara esa canción con la tragedia del boliche Cromañón, donde el 30 de diciembre de 2004, durante un incendio por una bengala lanzada en pleno recital del grupo de rock Callejeros, murieron asfixiadas ciento noventa y cuatro personas. Chabán, el gerenciador de esa disco del barrio porteño de Once, fue condenado por ese hecho a veinte años de prisión, y en 2012 fue sentenciado a diez años y nueve meses de prisión. Murió el 17 de noviembre de 2014”, cuenta Palacios en el libro. Al hacerle notar que la comparación es poco feliz , Robledo Puch, “concentrado en la música”, le responde que “mi triunfo es que acá se escuche esto, no la basura de la cumbia villera. ¡¿Estamos todos locos?! Eso te quema la cabeza. Por eso después salen y te meten un balazo en el medio de los ojos”.
Robledo Puch, en una foto de mayo, cuando salió de la cárcel después de 44 años para hacerse estudios médicos
El periodista detalla luego que “la única conclusión que pude sacar de esa visita en la que me aturdió con la música era la influencia que Los Redonditos tenían en Robledo. El vínculo era casi místico. Eso me llevó a tener una curiosidad: ¿qué pensaría el Indio Carlos Solari si se enterara de la devoción que le rinde Robledo Puch?”.
Después de un intento fallido de contactar a Solari, el cantante le contestó. Esa respuesta es el prólogo del libro. Aquí, el texto que escribió Solari sobre Carlos Robledo Puch:
La perseverancia de las bestias
No encuentro manera de que mis emociones abarquen con sensibilidad adecuada hechos fenomenales como los acontecimientos en que Robledo Puch estuvo involucrado. Cruzó una frontera extrema que creo reconocer, pero nunca me vi extraviado más allá de sus límites.
En cuanto a su relación con mi imaginería, debo considerar el hecho de que mis personajes, en general, están iluminados por la luz tóxica de sus ilusiones enloquecidas.
Si pudiéramos aprender el mundo, a cada rato, con la perseverante inocencia de las bestias, sus acciones no figurarían en el menú del gran restaurante de la naturaleza.
El nuestro es un planeta extraño que alberga las más inconvenientes criaturas y los legados mentales más difíciles de predecir.
Por otro lado, yo tampoco necesito del paraíso (pero se me nota menos).
Indio Solari
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