Músicos y amigos despidieron a Moni Encina en un velorio atravesado por la música y la emoción

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El fallecimiento de Eduardo “Moni” Encina generó una profunda conmoción en el ámbito cultural de Misiones. El velatorio, realizado en el salón Paz Eterna de Posadas, se transformó en un espacio de despedida que reflejó el vínculo del artista con su gente: lejos de un clima de silencio, la música acompañó cada momento.

Desde la tarde del martes, familiares, colegas y seguidores se acercaron para rendirle homenaje a uno de los máximos exponentes del chamamé misionero. En la sala, guitarras, acordeones y voces improvisadas le dieron forma a una despedida distinta, en sintonía con la vida del músico. Su acordeón, ubicado junto al ataúd, fue símbolo permanente de una trayectoria marcada por la cercanía con el público y la identidad litoraleña.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada se vivió cuando su hermano, Nito Encina, ingresó con el histórico acordeón de Moni y su tradicional sombrero. Frente a familiares y amigos, los colocó al pie del féretro, acompañando al músico en su despedida. La escena generó un silencio respetuoso entre los presentes y luego una ovación cargada de emoción.

“Se nos fue el ídolo popular, pero nace la leyenda”

Durante la despedida, su hermano Nito Encina definió la pérdida como un golpe para la familia y para toda la cultura misionera. “Moni era un ídolo popular. Era un niño con mucha edad. Un niño viejo. De chico tuvo un retraso madurativo y nunca se desarrolló mucho su cerebro. Pero tenía la gracia y tenía la empatía y tenía el carisma que no se compra con dinero. Carisma natural”, expresó.

Recordó además que el artista construyó una conexión única con la gente a partir de su autenticidad. “Era el artista, era el ídolo del pueblo pobre. No era un artista de un conservatorio o de una sala lírica. Era un verdadero músico popular. Él adoraba a su gente y su gente lo adoraba a él”, afirmó.

En medio del dolor, Nito sostuvo que la partida física del músico marca también el nacimiento de una figura aún más trascendente en la memoria colectiva. “Se va el ídolo popular, pero ¿qué pasa? Nace un hito. Nace un genio. Nace una verdadera leyenda”, señaló.

También destacó el impacto que tuvo Moni Encina en nuevas generaciones de músicos y en la difusión del chamamé entre los jóvenes. “Fue el único que tocó en los boliches del centro. Tocó en la Metro, tocó en todos los boliches. Le dio un plus al chamamé y gracias a eso también la juventud se acercó más al chamamé”, sostuvo.

Nito resaltó además la tarea formativa que desarrolló durante años. “De la escuelita de Moni salieron Huguito Acuña, Nico Encina, Rafa Encina, Maxi Rodríguez, todos acordeonistas que juegan en primera. Y sin presupuesto y sin techo, bajo un mango. Ahí les enseñaba”, recordó.

Según adelantó, la familia proyecta realizar en el futuro un festival que reúna a quienes fueron alumnos del músico. “Ese legado hoy queda en manos de esos chicos que hoy con lo que le enseñó el maestro pueden seguir llevando la bandera de Moni Encina”, manifestó.

“Aprendimos con él mucho más que música”

Entre quienes llegaron para despedirlo estuvo su sobrino y músico Nicolás Encina, quien remarcó que el legado de Moni trasciende la enseñanza del acordeón. “Aprendimos con él no solo a tocar el acordeón, sino a comprender esos valores, esa humildad, esa simpleza, esa autenticidad que él nos enseñó”, expresó.

Para Nicolás, la dimensión popular alcanzada por su tío quedó reflejada en el cariño que recibía en cada rincón de la provincia. “Cuando lo acompañaba a algún lugar caminando nomás era una locura porque la gente lo saludaba, lo quiere, lo amaba. Y ahora lo va a seguir amando. Nace la leyenda”, afirmó.

Además, consideró que la figura del músico puede convertirse en una inspiración para nuevas generaciones interesadas en aprender el instrumento y acercarse al chamamé. “Eduardo Enrique Encina, mi tío, Moni, fue una de las personas que supo compartir su música con el pueblo. Por eso estamos orgullosos de lo que fue y de lo que será de ahora en adelante”, sostuvo.

En ese contexto, quienes compartieron escenarios y giras con Encina pusieron en palabras el impacto de su partida. Roberto Rodríguez, uno de los músicos que lo acompañó durante años, describió el momento con crudeza y emoción: “Es un día muy triste, se fue un grande. Compartí 18 años de mi vida con él. Hemos ganado escenarios gracias a él, entonces es una pérdida casi irreparable”.

Rodríguez recordó la intensidad de aquellos años de trabajo conjunto, marcados por presentaciones constantes y una convivencia casi permanente: “Era prácticamente casi día y noche estar juntos porque esos tiempos nos dábamos abasto, veníamos a la madrugada para amanecer y al mediodía teníamos otro show”. En ese recorrido, el vínculo trascendió lo profesional: “Vos perdés como un hermano, perdés un ladero tuyo que estaba a tu lado tantos años”.

El músico también destacó el fenómeno de popularidad que generaba Encina en cada presentación: “Yo no vi en muchos tiempos acá esa idolatría, que la gente salte al escenario para sacarse fotos con él. Dejó un legado demasiado grande en el tema de popularidad”. Y sintetizó el momento con una frase que se repitió entre los presentes: “Ahora nace la leyenda, va a ser más grande que nunca”.

Por su parte, Francisco “Zurdo” Gross, otro de los históricos compañeros de ruta de Moni, coincidió en la dimensión de la pérdida. “La verdad que estamos muy tristes, se fue un compañero mío hace prácticamente más de 22 años y sinceramente estamos todos conmocionados con la noticia”, expresó.

Gross puso el foco en la historia compartida y en el camino recorrido junto al artista: “Hemos recorrido muchísimos escenarios, hemos pasado muchos lugares lindos, somos una familia”. En medio del dolor, también remarcó la necesidad de sostener el recuerdo: “Hay que rescatar lo mejor, que fue lo mejor que me pasó con este señor”.

El músico también explicó por qué Encina fue reconocido como un ídolo popular en la provincia: “Fue un señor muy solidario, donde había una música para alguien para recaudar fondos, él siempre estuvo predispuesto, nunca se negó”. Esa actitud, sumada a su talento, consolidó una relación directa con el público: “Es querido por toda la gente, desde el más chico hasta el señor más grande”.

Al momento de definir su figura, Gross no dudó: “Moni Encina fue un excelente músico, un excelente profesor. Hay muchos chicos que han aprendido gracias a él. Va a quedar un legado muy lindo, muy grande”.

El velorio, que se extenderá hasta la madrugada del miércoles, dejó imágenes que sintetizan la dimensión de Encina en la cultura misionera. Entre abrazos, canciones y recuerdos, la despedida se convirtió en una celebración de su vida y de su aporte al chamamé.

Nacido en el barrio El Brete y criado en Santa Lucía, Encina construyó una carrera que lo llevó a escenarios de toda la región, con un estilo propio y una conexión directa con el público. Su obra más reconocida, “Samaniego tu sombrero”, forma parte del repertorio popular y sigue vigente en festivales y encuentros chamameceros.

Su muerte, confirmada este 2 de junio tras permanecer internado en el Hospital Madariaga, cierra una etapa para la música misionera, pero también proyecta un legado que, como señalaron sus colegas, continuará creciendo con el tiempo.

Mol