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El “Rusiagate” no para de extenderse cada día con novedades que conmueven los cimientos de Washington. Según informó la prensa hoy, el presidente Donald Trump reveló información altamente clasificada sobre terrorismo internacional al canciller y al embajador rusos cuando visitaron la Casa Blanca el miércoles pasado.
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Según reveló el diario The Washington Post, los servicios de inteligencia están alarmados porque los datos revelados por Trump eran tan sensibles que los detalles no habían sido compartidos ni siquiera con los países aliados de Estados Unidos. Además, aseguran que la filtración puede afectar a una fuente clave de información sobre el Estado Islámico (ISIS) con la que se venía trabajando en secreto.
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La Casa Blanca tildó de inmediato de “falsa” la filtración publicada por el periódico capitalino. La información que reveló Trump durante la visita del canciller Sergei Lavrov y el embajador ruso en Washington Sergey Kislyak a la Casa Blanca había sido recolectada mediante un acuerdo de inteligencia de un país amigo que no había dado el permiso para compartirla con Rusia y ni siquiera con todos los funcionarios del gobierno estadounidense.
Donald Trump y el canciller ruso Sergei Lavrov en la Casa Blanca el 10 de mayo de 2017 (AFP PHOTO / RUSSIAN FOREIGN MINISTRY)
Las fuentes dijeron al Post que el hecho de que el presidente revelara esos datos al canciller y el embajador rusos pone en riesgo la cooperación de un aliado que tiene acceso a los círculos más profundos del ISIS. Un ex funcionario de inteligencia dijo al diario: “Trump parece no entender la gravedad de las cosas con las que trata, especialmente las relacionadas con inteligencia y seguridad nacional. Y todo está teñido con el problema que tiene con Rusia”.
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Aparentemente, la información se trataría de un complot del ISIS (el diario se reservó los detalles por cuestiones de seguridad) que intentaban llevar a cabo con laptops en aviones. Pero Trump reveló además a los rusos la ciudad donde fue recolectada la novedad. Luego de la reunión, algunos funcionarios de la Casa Blanca advirtieron la sensibilidad del tema e hicieron algunas llamadas a la CIA y a la Agencia de Seguridad Nacional para tratar de frenar el impacto.
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Ya a comienzo del mandato de Trump había tenido que renunciar su Asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn porque había mentido sobre las conversaciones que había mantenido con el mismo embajador que Trump recibió el jueves en la Casa Blanca. La semana pasada, el presidente despidió en forma escandalosa a James Comey, el jefe del FBI que investigaba los lazos entre sus funcionarios y Moscú. Si bien no lo admitió desde un principio, Trump señaló que lo había echado por “esa cosa rusa”, lo que puede ser considerado como “obstrucción de la justicia”.
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Como en el viejo escándalo del Watergate, las grabaciones ocultas en la Casa Blanca volvieron a ocupar insólitamente el centro de la escena en el “Rusiagate”. Legisladores estadounidenses presionan ahora para que entregue, si existen, los registros de las conversaciones que sostuvo en la mansión de la avenida Pennsylvania con el ex jefe del FBI que fue despedido.
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En un tuit que disparó el viernes en medio del escándalo por la salida de James Comey, que investigaba los vínculos de la campaña de Trump con Rusia, el presidente había amenazado a su ex funcionario: “Comey haría bien en asegurarse que no existan grabaciones de nuestras conversaciones antes de comenzar a hacer revelaciones a la prensa”. Los voceros presidenciales se negaron a comentar ese tuit y tampoco señalaron si el presidente graba sus reuniones en el Salón Oval u otras dependencias. Pero más allá de la existencia de algún registro, para los legisladores demócratas el tuit fue un claro intento de intimidación.
El senador Chuck Schumer, en una foto de archivo (Andrew Burton/AFP)
Chuck Schumer, el jefe de la bancada en el Senado, dijo que si tiene grabaciones, “el presidente, por supuesto, debe entregarlas inmediatamente. Destruirlas sería una violación de la ley”. Schumer pidió también que el departamento de Justicia nombre un fiscal especial para que investigue el “Rusiagate”. Entre los republicanos, el senador Mike Lee también estimó que era “probablemente inevitable” entregar esas grabaciones. “Si existen, pienso que serán exigidas por la justicia”, dijo a la cadena Fox. Lee otorgó, sin embargo, el beneficio de la duda al presidente: “Por lo que sé (Trump) coopera plenamente y quiere que esta investigación llegue hasta el final”.
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